Bobby Fischer vs. Bobby Fischer, de Mariano Dupont



ISBN: 978-987-20719-7-4
28 páginas
$ 550

El ajedrez es la vida.
Bobby Fischer




Bobby Fischer de un lado de la mesa. Del otro,
Bobby Fischer. Uno en un sillón, el otro, en una silla.
Se miran, serios, oblicuos, frunciendo el ceño, los dos
Bobbys. Se observan, midiéndose, escrutándose. Un
estudio minucioso que busca el anticipo, una ventaja,
algo, lo que sea, en la dura y exigente competencia.

Abre Bobby, el bello Bobby, con las blancas: shic:
peón C4, y desconcierta, así, a su adversario, el Bobby
de las negras. No esperaba, Bobby, el de las negras,
que el Bobby de las blancas abriera de ese modo, no:
la salida lo toma por sorpresa. “Ajá”, piensa Bobby,
el de las negras, “conque ésas tenemos. Bien, bien.
Apertura inglesa, mmm, mmm.” Y recuerda, enseguida,
las palabras de Tartakower, Savielly, el Gran Maestro:
“la más agresiva, la inglesa, de todas las aperturas”.
Un segundo, dos, tres, y estira, Bobby, el de las blancas,
la mano derecha y clac, con la palma: baja el botón.

El Bobby de las negras dobla, levemente, ahora, el pulgar
de la mano izquierda y, como un bebé destetado, se lo lleva
a la boca. Muerde, luego, la uña de ese dedo, la aprieta
con los dientes, y se pasa, enseguida, la mano, la otra,
por la rubia, lacia, corta cabellera: gestos que revelan
que Bobby, este Bobby, el de las negras, está nervioso.

Piensa, así, Bobby, el de las negras, pero también, claro,
el de las blancas. Los dos piensan. Piensa Bobby Fischer,
el mejor ajedrecista de todos los tiempos, según Kasparov,
Garry, el ruso, apodado con cariño, por sus admiradores,
el “Ogro de Bakú”. Otro fenómeno, Garry, como Bobby.

Estira, ahora, la mano, el Bobby de las negras. Una mano
larga, huesuda, la de Bobby, que evoca las garras de los
pájaros, de las aves rapaces como el águila o el cóndor.
La estira, dije, y, enérgico, toma la pieza y desplaza: shic:
peón E6 y, enseguida, con la otra, clac: baja el botón.