Intimidad de la siesta, de Daniel Riquelme

























ISBN: 978-987-20719-2-9
48 páginas
$ 700


Para Valeria

I

acompañado en la claridad de los racimos
la siesta me olvidó en la cocina
económica de no usarla

el cuadrillé de las cortinas sofrenando
el solazo bastardo de un enero como tantos
colarse por las hendijas
y todo sumergido en el vaho del flit
con el que la abuela cubría su retirada
a la fresca

interrumpe el golpeteo descangayado del carro
el altoparlante desconado grita
¡sándia!
arremangado hacia un costado
un bulón sarnoso
ensarta los riñones
del hombre insolado
detrás
las piernas del niño se descuelgan sobre la tierra
alborotada
de tanto casco
manso

con la mejilla pegada a la pileta del lavadero
veo las moscas violarse
unas a otras
sin descanso.


II

cuatro cazadores
el cielo campo espera
y salen

cuatro cazadores
gomeras cargadas
canto rodado en mano
algún elástico cede y
el culo queda al aire

cuatro cazadores
miran y miran y miran
cuanto árbol rama poste cable
alambrado
a matar la torcaza la buchona
cualquier bicho que camine
el perro ajeno también sirve de puntería
hay que calibrar el arma
gallina ganso cualquier
bicho que camine

cuatro cazadores
apuntan
sus gomeras cargadas
andá a ponerle la jeta

cuatro cazadores
te apuntan
y disparan.


III

parece pero no
no duerme
Leonarda atenta que se sabe perdida
no duerme la siestita de la falta
abrazada si pero no

entonces no digo
yo escribo
y es al cuete andar yirando
por esos campos
a la buena de Dios

a veces: lentifico
algo demasiado
excesivamente
algo demasiado
rápido.


IV

habíamos llevado la calle
hasta su final
cruzamos la quinta de Török
de las hojas a los cardos
orillando la laguna

el sendero pelado acompaña al borde incierto
de los camalotes oxidados
las acacias comienzan a desnudarse
sobre nosotros
moscardones verdes
que abrevan el néctar
de los basurales

el camino nos lleva
solos decidimos entrar
los juncos
nos arrastran al horno

así pasa cuando nos matan
derecho al matadero
al basural del pueblo
donde resisten los santos
al sendero gastado de idas y vueltas
cuando las vainas que pelan
caen junto a las latas
y tardan en enfriarse

¿quién se anima a meter el dedo
y esperar que el agujero chupe
y hacer gancho
y dejarse chupar
y arrancar la anguila pa’ fuera?

¿y si no es anguila y es culebra?

aguantar el sorbo viscoso
haciendo gancho con el dedo tirar
tirar hasta que caigan todas las vainas
hasta que la juventud amaine
y la voz de mando
mande.


V

digo valle donde sólo hubo
un contrapiso de cemento
algo que debió quedar debajo
y ha brotado

un contrapiso de cemento
cascote y tierra
y darle a la maza todo el trayecto del sol:
tullidas las manos

el contrapiso gastado
al que iba a nombrar valle
ha sido eso
un piso
donde apoyar la
mesa de trabajo
dos caballetes y una tabla
donde apoyar los sillones
(a veces una baldeada)
un contrapiso de cemento
donde apoyarnos.